NOSOTROS
PUNTO DE PARTIDA
¿Por qué nace este proyecto?
Convivimos con decisiones, normas y costumbres que aceptamos sin cuestionar, aunque en el fondo sepamos que no tienen sentido. A eso lo llamamos aquí un dislate: un disparate normalizado, algo que hacemos, usamos o toleramos porque "así son las cosas", aunque no nos parezca bien.
Este proyecto nace de una convicción sencilla: se puede aceptar una imposición sin renunciar al derecho a señalarla. No proponemos la rebeldía por la rebeldía, sino la lucidez. Queremos mirar de frente aquello que la sociedad da por bueno sin serlo, nombrarlo, explicarlo y, cuando toque convivir con ello, hacerlo con los ojos bien abiertos y no con resignación silenciosa.
Muchas veces el problema no es solo el dislate en sí, sino la costumbre de aceptarlo sin más. Y porque casi siempre esos disparates, vistos desde otro ángulo, se entienden mejor, se enfrentan mejor o incluso encuentran solución.
Lo que nos mueve y hacia dónde vamos
MISIÓN
Poner en evidencia los dislates y sinsentidos que la sociedad normaliza, dar visibilidad a quienes no están de acuerdo con ellos, y ofrecer formación práctica para que cada persona pueda comprenderlos, adaptarse a ellos cuando sea inevitable y, siempre que sea posible, plantarles cara.
VISIÓN
Ser un espacio de referencia donde la crítica constructiva, la formación cercana y el diálogo abierto conviven para construir una sociedad más consciente: una comunidad que no confunde aceptar con estar de acuerdo, y que convierte la incomodidad ante lo absurdo en conocimiento útil y en acción compartida.
Cinco principios fundacionales
I. Principio de evidencia
Señalamos el dislate con nombre y apellido: qué es, a quién afecta, por qué se ha normalizado y qué consecuencias tiene. No basta con quejarse; hay que explicar, documentar y mostrar. La visibilidad es el primer paso para que una sociedad decida, con conocimiento, si quiere seguir aceptando algo o no.
II. Principio de formación
Detectar un problema sin ofrecer herramientas para afrontarlo es quedarse a medias. Por eso, junto a cada dislate que ponemos en evidencia, ofrecemos formación práctica y accesible para quienes encuentran difícil entenderlo, adoptarlo o convivir con él en su día a día.
III. Principio de disenso constructivo
Podemos vernos obligados a aceptar una norma, una tendencia o una costumbre. Aceptarla no es lo mismo que aplaudirla. Este proyecto reivindica el derecho a cumplir mostrando, con argumentos y respeto, que no estamos de acuerdo, y a dejar constancia pública de ese desacuerdo.
IV. Principio de humildad y revisión
Un dislate visto solo desde nuestra perspectiva puede ser, en realidad, más complejo de lo que parece. Por eso escuchamos, aprendemos y, cuando hace falta, rectificamos y volvemos a explicar las cosas de forma correcta. La coherencia importa más que tener siempre la razón.
V. Principio de comunidad
Ningún dislate se combate en solitario. Construimos un espacio de interacción real con quienes nos leen, donde se puede proponer, discutir, aportar otra mirada y, entre todos, encontrar mejores formas de enfrentarse a lo que no tiene sentido.
Dos espacios, un mismo propósito
El proyecto se articula en dos espacios complementarios, cada uno con su propia función y su propio ritmo, pero unidos por los mismos principios.
Espacio de formación
Un lugar práctico y cercano, pensado para acompañar a las personas ante aquellos cambios, normas o costumbres que les resultan difíciles de entender, aceptar o poner en práctica. Aquí no juzgamos la dificultad de nadie: la resolvemos, paso a paso, con contenido claro y aplicable.
Espacio de reflexión y profundidad
Un blog de fondo, más pausado, donde cada dislate se analiza con mayor profundidad y perspectiva. Es también el punto de encuentro con el lector: un lugar para escuchar otros puntos de vista, contrastar el propio, y —cuando sea necesario— corregir el enfoque y explicarlo de nuevo, mejor.
NUESTRO COMPROMISO
Con quienes nos leen
- Diremos las cosas claras, pero sin faltar el respeto a nadie.
- Explicaremos cada dislate de forma sencilla, para que lo entienda cualquier persona.
- Ofreceremos formación real, no solo crítica: herramientas que se puedan usar.
- Escucharemos otras perspectivas y rectificaremos cuando nos equivoquemos.
- Distinguiremos siempre entre aceptar una realidad y estar de acuerdo con ella.
- Cuidaremos el espacio de conversación para que sea un lugar de aprendizaje, no de ruido.